Coloca el agua tibia en un recipiente y añade la levadura. Mezcla ligeramente y deja reposar hasta que se formen burbujas en la superficie, señal de que la levadura está activa.
Vierte poco a poco la mezcla de levadura en un tazón con la harina y la sal. Comienza a amasar y, de forma gradual, incorpora el aceite, el ajo y el romero. Amasa durante aproximadamente 10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica.
Si utilizas batidora eléctrica, emplea el gancho para masa y amasa a velocidad media durante 5 minutos.
Coloca la masa en una charola para horno previamente engrasada y extiéndela con cuidado. Cubre con una toalla de cocina limpia y deja reposar en un lugar cálido durante 1 hora, o hasta que doble su volumen.
Hacia el final del tiempo de reposo, precalienta el horno a 180 °C.
Una vez que la masa haya leudado, presiona suavemente la superficie con las yemas de los dedos para formar pequeños hoyuelos. Vierte por encima la emulsión de agua y aceite, espolvorea sal y romero al gusto y deja reposar 10 minutos más.
Hornea durante 25 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y la focaccia esté bien cocida.